Barça, ¿y si le obsequias una Champions a Siria?

IVAN PÉREZ/ @elmisterperez

Cuando Khalid Farah llega minutos después de un bombardeo siempre escucha a la tierra deslizarse sobre las paredes como en una resbaladilla, oye lamentos, gemidos, sollozos, a veces nada, sólo como la tierra cae en cascadas y mucho polvo blanco que flota.

Para él y sus compañeros, no es difícil adivinar cuándo es tiempo de salir a las ruinas. Escuchan los aviones cazas en el cielo, luego llegan los estruendos y junto a una cuadrilla de tres o cuatro se sube en una camioneta vieja, blanca y casi destartalada, ponen la sirena y avanzan lo más rápido que pueden. Su trabajo es salvar vidas en Siria, las que puedan.

Ahora mismo está en Allepo, un poblado donde la muerte es cotidiana y la vida es suerte, circunstancia, fortuna. Junto con otras 3,000 personas, dice que es parte de la Resistencia Civil de Siria. Son los Cascos Blancos, un grupo que apoya a la sociedad civil y rescata a personas tras los ataques que recibe la población… aunque recientemente están bajo la polémica porque algunos reportes documentan que son financiados por el Occidente para apoyar a los rebeldes e inclusive de generar videos falsos.

Pero regresemos con Khalid, quien tiene muchas cosas en común con sus compatriotas. Primero, el deseo de vivir y luego, coincide con otros porque es fan del FC Barcelona. No es raro que vista su playera de manga larga del equipo catalán en el día a día, tampoco es extraño que en aquella región del mundo el club de Messi o Griezmann sea el favorito de muchos.

¿Y si le dedicaran desde Cataluña el partido de la Champions League? Es verdad, un partido no salva vidas, pero tampoco cae nada mal que por allá alguien grite gol y por qué no, con un poco de suerte, hasta sonría.

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En Medio Oriente, FC Barcelona es uno de los clubes más seguidos, los niños tienen algún jersey de su equipo europeo y lo lucen. Algunos, como Ahmad Otham, muere con la camiseta puesta.

Tenía 14 años y los reportes de prensa dicen que fue una de las víctimas del régimen de Bashar al-Ásad. Falleció durante uno de los bombardeos junto con su familia. La imagen se hizo viral porque circuló la foto de él tendido en la calle con la camiseta del FC Barcelona llena de sangre que le escurría en su cara y sus brazos. “Nunca se perdía un juego del equipo”, relataba una nota de la agencia Reuters cuando entrevistaron a algunos de sus conocidos.

En Siria, en los últimos años el problema entre el régimen y la resistencia ha causado casi medio millón de muertes y cinco millones en el exilio.

Khalid viste la camiseta azulgrana de manga larga, le da un beso a su hijo y sale a salvar vidas. Desde que los Cascos Blancos nacieron, han salvado a más de 83,000 vidas. Este fan del FC Barcelona cuenta su historia y su día a día en el documental “The White Helmets” ganador de un Óscar a la mejor producción en dicho formato. Pero para ser sinceros, muchos por allá corren la suerte de Otham.

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En Siria el futbol sigue jugándose. En la Liga local todos los clubes no manifiestan su posición política o expresan lealtad a Bashar al-Ásad. Y su selección peleó hasta las últimas instancias su boleto para clasificar al Mundial de Rusia 2018 y en Damasco, la capital del país, se da tiempo de mirar el futbol europeo en los bares.

En diciembre de 2015, cuando Barcelona y Real Madrid jugaban el partido de Liga, la agencia de noticias AP documentó con una fotografía como se vivían en Siria el partido. Un bar rústico, con una televisión de pantalla plana y las miradas de todos clavadas en ella, detrás –como vigilando- una foto grande de Bashar al-Ásad con la bandera del país. Además hay un grupo de fans del FC Barcelona en Facebook: FC Barcelona Fans in Syria, con casi 41,000 likes.

Quizás lo sepan, quizá lo olvidan, pero en Cataluña deben saber algo, que si Messi, Griezmann o Suárez o quien sea marca gol, en Allepo, en Damasco o en alguna otra ciudad de Siria lo gritarán, regalarán una sonrisa, que en estos tiempos no es poca cosa.