Carlos Girón por fin volverás a ver esos trajes de baño que te hacía tu mamá…

Carlos Giron

Carlos Girón son los clavados en la Quebrada de Acapulco, los trajes de baño que le hizo su madre con paliacates de colores, es el robo que sufrió en los Juegos Olímpicos de Moscú 80, es la novatez de Múnich 1972, es el reconocimiento de medallas en muchas fosas de clavados, es su entrenamiento en la Unidad Morelos del IMSS y también es ética y profesionalismo.

El clavadista mexicano es otro de los ‘egresados’ de la escuela de clavados del IMSS. Los que le conocen -sobre todo sus compañeros- dicen que él ha sido el mejor clavadista que ha tenido México por su técnica, cualidades y perseverancia.

Carlos contaba muchas veces que nació “de clavado” porque en Mexicali, en unas escaleras en un sitio de monjas, su madre lo dio a luz. Siempre ha estado ligado al agua, cuando era niño llegó a Acapulco donde se arrojaba de la Quebrada o el Malecón por una moneda que lanzaban los turistas extranjeros. Desde allí empezó su carrera como clavadista y solía recordar que bebió inmensa cantidad de agua salada, porque, aunque le gustaba aventarse, no sabía nadar del todo. Allí aprendió.

También tenía casi siempre presentes los trajes de baño que le confeccionaba su madre con paliacates de colores. Carlos dice que eran “únicos” y que los lleva “en el corazón”.

Después llegó a la ciudad de México donde la nostalgia le invadió y decidió ir, casi de contrabando, a la alberca de la Unidad Morelos donde hacía sus saltos. Jorge Rueda identificó su talento y empezó a gestar a un medallista olímpico.

Carlos Girón
Foto: Tomada de Twitter.

Probablemente cuando empezó a sentir que era especial, que los clavados eran lo suyo, fue justamente meses antes de acudir a los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, cuando se enfrentó en un mano a mano en una competencia en Suecia ante el italiano Klaus Dibiasi, el mejor del mundo, y lo derrotó. El novato venció al super favorito. Pero una de las grandes lecciones de su vida llegaría justamente en la justa olímpica, en uno de sus últimas ejecuciones tuvo un salto terrible y cayó de espaldas… del segundo lugar pasó al octavo.

Jorge Rueda fue puliendo de a poco a Carlos. Le inculcó disciplina, ética, competitividad y sobre todo lo fue fortaleciendo mentalmente. Así que ocho años después, Carlos llegaba como favorito a Moscú 1980. Había ganado ya el Premio Nacional del Deporte en 1975 y la prestigiosa revista Swimming World lo había designado el mejor clavadista del mundo tres años consecutivos.

Girón recuerda con mucho cariño su etapa en el IMSS. Una cuna de campeones, de amistades, de noviazgos, de sueños, de mucho trabajo y de construcción de medallistas olímpicos. El fruto de tantos años llegaría en 1980 en Moscú, aunque con sabor agridulce. Para aquellos Juegos Olímpicos fue condecorado como el abanderado de la delegación mexicana, un honor que pocos deportistas tienen en la historia. En aquel momento- relata la prensa de la época- no había mejor atleta en nuestro país que Carlos.

Alexander Portnov ejecutó su último clavado y cayó de espaldas, pero protestó aludiendo que los aficionados lo desconcentraron. El soviético, en casa, le concedieron otra oportunidad y ganó la medalla de oro. Carlos se quedó con la plata y con la amargura de la repetición de aquel clavado que en caso de no haber existido México se habría ganado el oro.

Pero sus compañeros y alumnos dicen que aquel día en que le “robaron el oro”, dio una de las más grandes lecciones del olimpismo. Muchos le dijeron que recibiera la medalla y que se fuera, que no esperara toda la ceremonia y a manera de protesta abandonara el lugar. Pero no, Carlos Girón mostró ética, profesionalismo y respeto. Se mantuvo en todo el acto.

¿Cómo se construye un medallista?, al menos Carlos lo consiguió entrenando ocho horas al día. Hace algunos años cuando le cuestionaron al clavadista sobre la importancia del IMSS, respondió: “Es un lugar muy importante porque aquí nos hicimos y nos forjamos, no hay como pagar todo eso”.

Medallista olímpico, Campeón mundial. Odontólogo. Así se describía Carlos. Así pues hay que recordarlo.

TE PODRÍA INTERESAR:

Sufro acoso, soy atleta, pero no denuncio