El Tour de Francia lo gana el que más tiempo soporta el dolor

IVAN PÉREZ (@elmisterperez)

Ander dice que el culpable de que ame el ciclismo es su padre. Fue él quien le “envenenó la sangre” y uno de sus primeros recuerdos del Tour de Francia fue mirar a Perico Delgado — uno de sus ídolos- sufrir intensamente.

Ander Izagirre escribió “Plomo en los Bolsillos”, una serie de crónicas e historias acerca del Tour de Francia — que arranca este fin de semana-. Allí nos cuenta cómo comenzó la ronda francesa, de las batallas campales por defender a su ciclista favorito, de los que ponían tachuelas en la carretera para que el rival pinchara, muchas cosas de épica, de drama, de las nuevas emboscadas en el cielo para crear nuevas etapas mucho más difíciles y casi imposibles.

El escritor donostiarra charló de su libro, de sus investigaciones de ciclismo, de las sensaciones de subir el Tourmalet, de lo que significa el Tour literariamente hablando.

-El Tour de Francia, dices en tu libro, tiene una especie de “instinto criminal”, ¿cómo es eso?

Si miramos los orígenes del Tour es llamativo cómo se plantea la prueba, era un tema de supervivencia: era una especie de rally de resistencia, etapas de 400 kilómetros, pasabas noches enteras pedaleando, el reglamento era una tortura porque les impedía tener ayuda mecánica, tenían que buscarse la comida y el agua. Una de las esencias del Tour siempre ha sido llevar a los participantes al límite y eso tiene riesgos. Llama la atención del ciclismo que la batalla es inventada y el dolor es real, hay ciclistas que han muerto por accidentes y exceso.

-Citas en tu libro al menos un par de ocasiones a Miguel Induráin cuando dijo “he llegado muy lejos en el dolor”

A mí, me parece casi un misterio eso del dolor, es quizás el núcleo de lo que nos atrae el ciclismo. Tengo la impresión de niño cuando mi padre me llevó a ver el Tour ver pasar a Pedro Delgado con una cara de sufrimiento horrible. Es un dolor al que llega uno voluntariamente, el ciclismo es un deporte que se define en ese punto.

Hay estrategias de equipo otras cosas, pero casi siempre se decide en quién es capaz de aguantar más tiempo y más dolor. Es una premisa muy sencilla, pero terrible a la vez. En otros deportes importa más la habilidad, la técnica, la táctica, pero en el ciclismo esto es muy marcado y es un elemento de atracción.

-¿Crees que el Tour de Francia tiene tintes literarios?

El Tour es un género narrativo como una novela, una obra de teatro porque se despliega en capítulos, tiene protagonistas, tiene varias tramas, los que intentan ganar una etapa.

Unos días no pasa nada, otros cambian de arriba abajo. Recordaré que el Tour es un invento de periodistas obligados a crear una competencia que vendiera ejemplares y obligara a las personas a comprarlo para saber qué había pasado, realmente estaban inventando una historia. Al final funciona porque es una narración.

-Después de hacer trabajo de investigación del Tour, ¿qué es lo que te sorprendió?

Es un libro que nació cuando el Tour cumple 100 años, hago una serie de 10 historias para una revista, después desarrollé estas historias, ha ido creciendo, he ido añadiendo capítulos nuevos. Mi decisión de pasar a ser una serie de crónicas a un libro fue cuando me di cuenta de que tenía textos que abarcaban un sinfín de situaciones humanas muy poderosas, desde historias épicas, pero también cómicas, había traiciones.

-Te refieres a una edad de Oro en el ciclismo con Coppi, Anquetil… ¿en qué etapa estamos?

Ahora creo que el dopaje ha hecho mucho daño y en especial al Tour, porque le han quitado credibilidad. Eso ha desmoralizado a muchos seguidores. A los que nos gusta el ciclismo queremos creer que todo será mucho más controlado y limpio.

A nivel deportivo son años muy interesantes porque coinciden generaciones como la de Contador, Froome, Nairo Quintana o Nibali. Nos aburrían los Tours de Amstrong porque eran muy controlados por el equipo, a veces nos pasa esto con Sky, pero hay muchos que dan mucho espectáculo.

-Háblame de uno de esos ciclistas de los que describes en tu libro…

Suelo citar mucho al Roger Walkowiak que es el francés que ganó el Tour de 1956, que lo ganó de manera inesperada, de rebote, y sufrió muchísimo y es un personaje que decidió abandonar su carrera profesional por el rechazo que sufrió y que llega a arrepentirse de haber ganado el Tour. Se convierte de una maldición, me parece su historia más interesante que la de muchos ganadores.

-Después de una década, ¿Cómo crees que se le mire a Lance Armstrong?

Creo que va a quedar así, como el gran tramposo. Es interesante porque es una historia de ambición, desde el momento en que hay una competición hay una trampa en la vida y en todos los ámbitos. La psicología de esa persona para organizar toda esa historia. Sirvió como ejemplo real para mucha gente, animó y dio fuerzas, aunque después se desmoronara. Su historia tiene varias esquinas por donde agarrar. Pero es difícil que Armstrong no tenga otra figura que la del gran tramposo

Hay historias increíbles en el Tour, como la del orgullo de ser último lugar…

En algunos se da premios y pueden sacarle provecho a la última posición. Hay un ciclista belga, Wim Vansevenant, llegó tres veces en el último lugar del Tour, el último año se empeñó mucho en lograrlo y hasta el punto que llegando a París el penúltimo se quedó para quitarle el último puesto, pero él se quedó atrás a esperarle. Entró a la historia del Tour pedaleando lo más despacio posible. Parece una historia de 1910… pero es que del siglo 21. La derrota puede ser más interesante.

Ayudanos a dimensionar esos puertos míticos como Mont Ventoux, Tourmalet, Alpe d’Huez…

Los puertos son magníficos, son como un escenario, yo personalmente los he subido y hay mucho turismo para hacer lo mismo. Es como si a un aficionado al futbol le dejaran jugar en Wembley con sus amigos, pues cuando yo vuelvo al Tourmalet voy como un niño y aquí se escapó tal o aquí se cayó tal. Son lugares históricos, son una especie de monumentos.

¿Quién es Ander Izagirre?

Ha publicado crónicas sobre sobre los porteadores de la cordillera del Karakórum, las niñas que trabajan en las minas de Bolivia, los campesinos que se rebelan contra la Mafia en Sicilia, las guaraníes que hicieron una revolución jugando al futbol, los ciclistas que se dopaban con bacalao. Recibió el Premio Europeo de Prensa 2015 por un reportaje sobre crímenes militares en Colombia. En Libros del KO ha publicado Plomo en los bolsillos (séptima edición y subiendo), Mi abuela y diez más, Beruna Patrikan, Cansasuelos y Los sótanos del mundo.