«Ya no puedo más»… el impacto de la COVID-19 en las escuelas de natación

«Ya no puedo más»… el impacto de la COVID-19 en las escuelas de natación

Carolina y Óscar se conocieron por la natación, se enamoraron, casaron, fundaron Olimpus y han soportado todas las crisis económicas desde los 90 hasta que llegó la COVID-19. José Adrián no tiene más dinero para sostener su escuela ‘Hebert’, un sueño que construyó con la ayuda de sus estudiantes y por casualidades de la vida, pero ahora “ya no puedo más”, dice.

Jaime Fragoso se unió hace varios años con otros empresarios y su fecha límite para soportar el embate de la pandemia es septiembre, Lake Sport puede desaparecer; y Juan Carlos de la Fuente de Interaqua sabe que la tradición de toda la familia está en riesgo.

La COVID-19 está en algunos casos destruyendo escuelas que tienen más de 30 años de antigüedad. El golpe económico que vive el país también lo viven los empresarios que han apostado a su forma de vida a esta industria.

El Míster presenta la segunda y última parte de esta entrega destinada a mostrar cómo viven las personas que practican la natación la pandemia y cómo las empresas sufren para mantenerse funcionando.

En México hay 6,776 escuelas de natación, de las cuales 6,400 son privadas según datos de la Agrupación Nacional de Escuelas de Natación (ANEN). En algunos estados las albercas ya han abierto parcialmente, pero claro, no es suficiente para mantener el negocio a flote.

Las escuelas –grandes, medianas o chicas- emplean a 155,848 personas y tienen unos 2.7 millones de alumnos en el país.

Los ingresos se redujeron al 70%. Había personas que nos decían, no me pagues a mi, dale a otros que lo necesitan más”, cuenta Óscar, quien con su esposa Carolina, montaron desde hace años Olimpus.

Ambos practicaron deporte de alto rendimiento, “y sabemos que hay que pasar momentos así, pero claro nadie en el mundo pensó que una pandemia de esa magnitud ocurriría”, dice Caro.

Las escuelas chicas y medianas del país necesitan entre 70,000 y 200,000 pesos para operar cada mes. Desde que comenzó la pandemia se han organizado en la ANEN, crearon su propio protocolo sanitario y piden ser considerados por las autoridades para establecerse en la nueva normalidad.

 “Y qué haces cuando ya no tienes dinero, hay que buscarse la forma pero es complicado”, comenta Juan Carlos de la Fuente. José Adrián Valenzuela dice que “la gente está triste, decepcionada, yo solo tuve hasta el 30 de mayo para pagar quincenas, no pude más”.

En promedio cada familia en México tiene cuatro integrantes, si más de 150,000 dependen o tienen ingresos por trabajar en los centros acuáticos o de natación, podemos decir que más de 600,000 personas se ven afectadas directa o indirectamente en términos económicos.

El tiempo se agota

natación
FUENTE: CORTESÍA

Jaime Fragoso se sincera: “yo junto a algunos empresarios nos asociamos porque quisimos ayudar a la comunidad y tener algo que nos ayudara a mitigar la contaminación que tenemos en nuestras empresas… y por eso decidimos crear la escuela”. Se llama Lake Sport, es un club deportivo que tiene a 32 empleados y para él no puede haber un lugar más desinfectado que una alberca, “tenemos instalaciones que cumplen todas las normas y seguimos todos los protocolos”. Pero claro, “no hay dinero que alcance ante esta situación”. Están al límite.

-¿Cuánto tiempo cree que pueda resistir con el cierre total o parcial?

-A lo mucho dos meses más, luego no sé.

En septiembre de acaba el tiempo.

José Adrián Valenzuela, director de la escuela de natación Heber, vive una situación similar. Su historia es titánica. Desde 1995 decidió junto a su familia buscar una alberca para rentar y comenzar cursos de verano, su empleo en ese momento era profesor de educación física.

Cuatro años más tarde, en 1999, lograron establecerse en Tlalpan, donde todavía está la escuela. Para mayo solo el 10% de sus clientes siguieron pagando su mensualidad, “solo tuve dinero para pagar salarios hasta el 30 de ese mes”.

-¿Ves viable poder reabrir tu escuela de natación Heber?

-No lo sé, es complicado. No somos una familia con dinero, nos hemos esforzado para tener este negocio que vio crecer a mis hijas, pero esta situación es complicado.

No rendirse y mantener la esperanza

Cortesía
FUENTE: CORTESÍA

Carolina y Óscar son emprendedores desde antes que el concepto se pusiera de moda hace unos años. Ellos se dedicaron al deporte de alto rendimiento y cuando tenían 21 decidieron iniciar su escuela de natación en 1994, ¿te suena el ‘error de diciembre’? Bueno, pues fue una de las crisis económicas más fuertes que ha visto pasar el país. Ese año comenzaron su historia.

“Nosotros como empresarios nos hemos tenido que endeudar para responderle a nuestras familias”, dice Óscar. Junto a Caro tienen a Olimpus a un 30% de operación por la pandemia.

“Es un reto de negocio enorme” dice ella. Por ahora la finalidad es “salir tablas” porque se vienen tiempos complicados. “Las personas por los fríos dejan de ir a la alberca y si así estamos abriendo en julio, imagínate el poco tiempo que nos queda”.

Juan Carlos, director de Interaqua, tiene menos de 35 años, pero su familia cuenta con una tradición de dar clases de natación muy extensa. Su mamá, Maye González, desde los años 70 empezó con todo esto. Así que pensar en perderlo sería una catástrofe.

“Nosotros hemos sido una empresa siempre con visión de largo plazo y buscamos ser autosuficientes y depender lo menos de los servicios del gobierno, esas son estrategias que tenemos que apuntalar”. Interaqua, por ejemplo, necesita 200,000 pesos mensuales para operar y apenas reciben el 25% de los ingresos.

Olimpus, Hebert, Lake Sport e Interaqua son algunos ejemplos de las dificultades que viven tras la pandemia y las restricciones que han impuesto las autoridades para el regreso paulatino a la nueva normalidad.

Algunas no sobrevivirán. Algunas sí. Qué dura es la pandemia.

TE PODRÍA INTERESAR

Historias de natación en tiempos de COVID-19

One thought on “«Ya no puedo más»… el impacto de la COVID-19 en las escuelas de natación

  1. Reply
    Moisés Gómez
    8 agosto, 2020 at

    Es un artículo muy interesante que describe perfectamente la trate realidad de las familias que nos dedicamos a las clases de natación en lo personal estoy sobreviviendo pues desde mayo pasado dejaron de pagarnos en la alberca en la que trabajo es realmente muy difícil superar esta crisis por la pandemia y hace dos semanas nos permitieron reabrir solo al 30% no es suficiente para sostener la funcionalidad de la instalación quien sabe cuánto pueda soportar el dueño en esta situación ojalá las autoridades de todos los niveles federal, estatal y municipal tomen cartas en el asunto y nos permitan abrir en porcentaje más alto para ser sostenible la reapertura y nuestro modo de vida gracias

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *