Los riesgos de ser un árbitro amateur

IVÁN SÁNCHEZ

¿Qué sería del futbol sin ellos? Dan autoridad, legalidad y polémica al juego. Se dice que el portero tiene la posición más difícil, pero tal vez los árbitros le ganan por mucho: son los más odiados, rara vez reconocidos y en el amateur enfrentan problemas de violencia, ofensas y falta de garantías.

Si bien es cierto que el progreso del otro futbol, el que se vive en las canchas llaneras de soccer, Fut 7, Fut 9, rápido o sala, ha hecho que los llamados nazarenos tengan una forma de ganarse la vida cada semana, también lo es que corren muchos riesgos en el terreno de juego.

“Desde el saludo cuando los jugadores entregan los registros te das cuenta como vienen. Hay algunos que ya tienen mala vibra, otros groseros, indiferentes y por supuesto los que van a divertirse”, dice a El Míster, Julio Pérez “El Pelón”, quien tiene una experiencia de 20 años en el “otro futbol”.

“En el juego es una regla que todos pierdan la cabeza, menos el árbitro. Desafortunadamente hay ocasiones que sólo vas a defenderte, es complicado porque el jugador siempre quiere tener la razón y muchas veces ni siquiera conocen las reglas”, comparte Jonathan Uriel Galván, tiene la experiencia de haber pitado en la Liga profesional de Fut 7 MX y la Master League.

Lo hacen por pasión, por amor al deporte y al trabajo que desarrollan, pero también porque el silbato y llevar a buen puerto los partidos se ha convertido en el sustento de sus vidas.

No es sencillo, pues tienen que viajar a diferentes canchas de la Ciudad de México y el Estado de México como Cuautitlán, Coacalco o Tultitlán, además de que llegan a arbitrar hasta 35 juegos a la semana.

“Yo iba a ver los juegos en Prados y un día no llegó el árbitro y me metí. Cuando comencé hace cuatro años me aventé toda una jornada en el crono por 100 pesos, ahora llegó a sacar cerca de cuatro mil pesos en una semana, depende el número de juegos que tengas y cómo acomode los horarios”, sostiene Galván.

El destino también llevó al “Pelón” a ser el referí de los encuentros, tal vez sin planearlo. “Un día fui a jugar, recuerdo que ganamos, pero el árbitro era malísimo entonces le dije al de la liga que yo lo podría hacer mejor, me dijo que me presentará a la siguiente semana y ya llevo casi dos décadas en el negocio”.

FOTO: CORTESÍA.

Las tarifas entre modalidades, ligas y lugares varían, pero en promedio en el futbol rápido los árbitros cobran entre 80 y 100 pesos por juego, en el Fut 7 entre 100 y 120 por partido, mientras que por un partido de futbol soccer puede recibir entre 200 y 500 pesos.

Sin embargo, no siempre más dinero prometido significa mayor seguridad, pues en ocasiones los equipos que juegan en ligas caras de algunos pueblos se sienten con el derecho de faltar el respeto a los árbitros. “En las Pirámides me ofrecen hasta 400 pesos por un juego pero a veces lo piensas porque no hay garantías, creen que porque te pagan te pueden humillar”, dice Pérez.

Ambos silbantes comparten que las primeras ocasiones que los agredieron fueron sus peores experiencias, pues “te das cuenta de que estás sólo y de que todos te quieren agredir, pero comienzas a aprender como sobrellevar los juegos”.



Aun así, con los problemas que trae consigo ser el llamado nazareno del juego, los árbitros del futbol amateur recuerdan gratas experiencias de su profesión.

“Tengo la dicha de haber recorrido gran parte de la República y haber trabajado en Estados Unido por el arbitraje”, dice “El Pelón”. “He pitado partidos espectaculares como un 14-14 en la Liga profesional de Fut 7 y puedo decir que ahí estuve”, agrega Galván.

Son los menos queridos, los más ofendidos, los que corren mayores riesgos cuando hacen sonar su silbato, pero ¿qué sería del futbol sin ellos?