No corro, vivo…

IVAN PÉREZ (@elmisterperez)

Y te paso el bidón de agua, le das un sorbo, esquivamos unos troncos, zigzagueamos, nos traga el bosque. Qué lindo. Los árboles despiertan, bostezan y nos damos cuenta porque las hojas se mueven y el rocío nos golpea la cabeza. Olemos la tierra húmeda, es delicioso y escuchamos nuestra respiración, extiendo mi mano y la choco con la tuya, asentimos como diciendo: sí, esto es vivir.

Sonrío y vuelvo a donde estoy, entre un mar de personas alrededor corriendo junto a mi, muchas aplauden, nos aplauden y ni siquiera te conocen pero lo hacen como si todos los fines de semana compartieras un asado con ellos, y te impulsan como si te quisieran y en ese momento también los quieres mucho.

Cuando corres recuerdas, vives y a veces, con un poco de suerte, sanas. Y cuando corres también empiezas a revivir lo que has hecho, como cuando el bosque te tragó, zigzagueas los árboles y quisieras comerte un emparedado de tierra mojada porque huele delicioso o porque te encantaría, otra vez, chocar la mano con alguien y decir: sí, esto es vivir.

FOTO: CORTESÍA

Correr requiere disciplina, voluntad, tenacidad y esfuerzo. Y para eso hay que tener convicción. Lo sabes bien.

Si eres corredor de 5 kilómetros, 10, medio maratón, maratón o ultramaratón conoces el pavor que te causa cuando de repente, haces cualquier cosa, y sientes un pinchazo en la rodilla, en tu muslo o la pantorrilla. Y se prenden las sirenas y dices, “no por favor, ahora no, porque estoy tan cerca de esa carrera y no, te lo suplico que no”…

La meta es el camino, no es cruzar la línea y parar tu reloj para ver cuánto tiempo hiciste.

¿Has llorado cuando corres? A lo mejor te ha pasado que piensas en él, en ella, en lo que nunca has hecho o en lo que nunca debiste hacer, no lo controlas y las lágrimas se escurren y las personas no se dan cuenta porque hay tantos, porque se disimulan con el sudor. Otras veces piensas en comida, en la milanesa que te espera o también en lo que has buscado siempre y no has conseguido.

FOTO: CORTESÍA

Por eso correr es un acto íntimo aunque a un lado vayan miles.

Correr es una introspección. A ti no te engañas, aunque con los demás lo hagas. Estás contigo. Creces o decides continuar con tus farsas o tomas fuerzas para inspirarte, para decirte que eres capaz de todo.

Mi padre solía decir, “cuando terminas un maratón te sientes invencible, pero cuidado, eso puede ser peligroso”…