Su majestad, gracias por obsequiarnos el himno de la Champions

IVAN PÉREZ/ @elmisterperez

Jorge II fue el último rey de la Corona Británica que lideró a un ejercito en una batalla, fue un rey temperamental, tuvo peleas encarnizadas con su padre, con sus hijos y una relación tormentosa con su esposa Carolina de Brandeburgo-Ansbach. 

Las crónicas dicen que tuvo muchas amantes y que entre otras cosas también evitó que los historiadores de la época escribieran de la derrota que sufrió la ‘invencible’ Armada Británica ante los españoles. 

Fue el último rey en nacer fuera de la isla. Sin quererlo, sin pensarlo, los aficionados de futbol le agradecen su coronación el 11 de junio de 1727, el día que nació también el himno de la Champions League y que se interpretó por primera vez 265 años después.

Gracias.

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Pasaron más de 100 años, desde que Jorge II fuera coronado como rey, para que el futbol en Inglaterra empezara a ser organizado. En 1863 nació The Football Association y de esa fecha hay que darle muchas vueltas páginas al libro hasta llegar a 1992 cuando se creó la UEFA Champions League: el torneo de los reyes, de los equipos más dominantes del futbol quienes cada año se sientan en una mesa enorme de banquete, son los más bellos, exquisitos, excéntricos, pasionales, guerreros, seductores y –como en todo sitio ocurre- sólo uno encabeza el brindis final.

“El himno de la Champions League es un fenómeno social”, dice el artista y músico Daniel Martínez, egresado de la Facultad de Música de la UNAM.

Volvamos a los tiempos de Jorge II. Aquel 11 de junio de 1727 el imperio rindió pleitesía a su nuevo rey. Meses antes, su padre, Jorge I, le había encargado al músico barroco Georg Freidrich Händel -un artista prusiano y que fue naturalizado británico por la relación con la monarquía británica- que creara una pieza para la coronación. 

Así nació Zadok, the priest, uno de los cuatro himnos que se interpretaron en la investidura de Jorge II. Desde aquel momento, Zadok, the priest, se ha entonado solemnemente en 10 ocasiones, en los 10 cambios de la corona británica y más 2,000 veces –en su adaptación- en los partidos de la Champions League.

En 1992 la UEFA le solicitó al compositor británico Tony Britten que hiciera los arreglos a la obra de Händel. Luego, con el paso de los años, se ha vuelto una de las melodías deportivas más importantes de la historia. 

En alguna ocasión, cuando Javier Hernández estaba por debutar en la Champions, dijo que “escuchar el himno en el estadio es un sueño cumplido, es una meta”, en 2015 en la final del Real Madrid vs Atlético, Cristiano Ronaldo la cantó como si fuera un himno, para ti o para mí la tenemos disponible en YouTube o hasta como ring tone, se toca en las plazas comerciales, se ha entonado en las bodas.

Pero, ¿Por qué diablos a todos (bueno, a casi todos) nos encanta el himno de la Champions?

Daniel dice que musicalmente tiene varios factores que hacen que al oído le apetezca escucharla: “es solemne, emotiva, es una adaptación e instrumentación adecuada, destacan los coros, las voces, las cuerdas juegan un papel muy importante y la trompeta. Por ejemplo, a diferencia de la obra de Händel, el de la Champions tiene mayor tonalidad y eso genera mayor impacto”.

No es la primera vez que el futbol recurre a una adaptación para tomarla como su himno, lo mismo ocurre con la Copa Libertadores y el Himno a la Alegría de Ludwig van Beethoven.

“El valor del himno no le aportada nada a la música contemporánea como tal, pero es un fenómeno social impresionante, a mí me gusta. No aporta porque es retomar algo que ya estaba”, reflexiona Daniel quien forma parte de la nueva generación de músicos contemporáneos en México.

¿Entre los músicos, qué valor podría tener el himno de la Champions?

“Por lo general las personas que se dedican al arte no son dadas en seguir el deporte o el futbol, algunos se distancian o inclusive lo rechazan. A mí si me emocionan, pero si pretendo escucharlo desde un oído musical quizás esos prejuicios me hagan no disfrutarlo. A veces los compositores olvidamos que la finalidad es disfrutar la música”.

La encomienda de Jorge I a Georg Freidrich Händel, el 11 de junio de 1727, la coronación de Jorge II, Zadok, the priest, sea como sea la combinación, el orden: su Majestad, gracias, muchas gracias.