deporte

Sin el deporte, jamás hubiéramos conocido el viento hecho músculo, Usain Bolt. Ni te hubieras enterado que aquí, en la Tierra, está la luna y que sí, parece de queso, es Mont Ventoux. Ni que la perfección se mide en centímetros y son 163, y que la primera vez que la conocimos fue de una rumana, Nadia Comaneci. Ni sabríamos que la ciencia concluyó que la piel de Michael Phelps se asemeja a la de un pez y hasta parece que tiene escamas y, que, aunque no lo creas, volaba en el agua.

Probablemente Isaac Newton jamás hubiera entendido la física como lo hizo sin practicar el salto de longitud, ni Karl Marx sería el pensador que fue porque no habría desarrollado su habilidad mental por practicar esgrima. Ni que Jorge Valdano tendría más arte escribiendo que en una cancha de futbol.
Tampoco nos hubiéramos creído ese ‘cuento’ de que un chico chaparrón de piernas regordetas desparramó a soldados ingleses, fuertes, estéticos. Maradona no hubiera existido. 

Mucho menos serías ese caballero que ahora eres porque no habrías recibido clases de Roger Federer. Y claro, tampoco apreciaríamos tanto la fealdad como aquel día en que el Abuelo Cruz, con un remate machucado, calificó a México a un Mundial. Ni sabrías lo que verdaderamente es resistencia porque no habrías oído hablar de Jackie Robinson.

Tampoco una mujer montaría una revolución en el siglo XXI con sus piernas y un balón en busca de la equidad. ¿Qué haría entonces Megan Rapinoe sin futbol?

Y claro, no te hubieras decidido correr ese maratón por quien ya no está contigo, porque no existiría el sacrificio del corazón ni del alma en 42 kilómetros. Ni tampoco hubieras visto que un mexicano, de Acapulco, Jorge Campos, enfrentó al diablo en el Coliseo de Roma. 

No sabríamos que los mártires visten de rojo y blanco y que se llaman Atlético de Madrid. No hubiéramos conocido el dolor en piel ajena porque no vimos a Rubén Omar Romano irse corriendo al vestidor después de que su Santos perdiera una final imperdible en Toluca. Tampoco existiría la belleza como ahora la conocemos porque Messi no estaría en una cancha.

Y si lo piensas un poco, probablemente no te hubieras animado a robarle a ella o él su primer beso porque no fuiste a ese estadio.

¿Tendría sentido la vida sin deporte?…

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El coronavirus ha parado tu torneo favorito, el que sea. ¿Qué perdemos? Mucho. Todos. Nos hemos acostumbrado tanto al deporte que no podemos concebir un mundo sin él.

Hoy es la forma de ganarse la vida para millones y también de mantenerse con vida para otros.

Se convirtió en una industria que tan solo en Europa, según un reporte de la Unión Europea, genera más de 1.7 millones de empleos en la región, en México más de 400,000 viven de esto y en el mundo la cantidad es incuantificable. 

No sería la industria y negocio que es. Ni Netflix o Amazon hubieran invertido millones de dólares en hacer series del Manchester City o Boca Juniors. Tampoco la economía global tendría otra forma de ganar dinero, ni más de 200 millones de personas hubieran ido el año pasado a ver partidos de las Grandes Ligas, NFL, NHL, Premier League, LaLiga, Serie A, Bundesliga, Ligue 1, y en México la Liga MX, LNBP, LMP, LMB.

El último reporte de Sports Value documentó que el mercado de la industria deportiva mueve al año 765,000 millones de dólares. Si el deporte fuera un país, sería una de las 15 economías más poderosas del mundo.

Y en México, una buena parte de las 32 millones de personas que están en el empleo informal según el INEGI se ganan la vida pintándote la cara antes de que entres al estadio, vendiendo camisetas piratas de China o Taiwán o los tacos de guisado después o antes de un partido.

El deporte le da comer a muchos en el mundo. Bien o mal pagado es una forma de vivir.

Es verdad, hay explotación, injusticias, corrupción, trampa. Pero también hay épica, gloria, héroes, leyendas, inspiración, lucha.

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Durango. 2012.

-¿Y qué piensas de que su nombre y su carrera esté manchada y bajo sospecha por dopaje?

-¿Tu crees que eso cuenta para mi?, ¿Sabes? él me salvó la vida, cuando yo creía que no tenía esperanza miré muchos videos de él y me inspiró. Aunque tuviera todo el dinero del mundo eso no se paga, ¿me explico?, que digan lo que quieran, yo siempre le estaré agradecido. Yo de verdad pensé que moriría de cáncer.

Quien me responde se llama Arturo, está bajo tratamiento en el Instituto Estatal de Cancerología. ¿Qué le digo?, ¿que está mal en idolatrar a alguien que hizo trampa casi toda su carrera? Sonrío y solo grabo su respuesta.

Lance Armstrong, el ciclista, inspiró a millones. Salvó a millones. Y sí, también es uno de los deportistas más tramposo de todos los tiempos. Los datos dicen que ‘su trampa’ ayudó a más de 1 millón de personas para salir adelante. 

Qué dilema…

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“¿Dónde buscaríamos los espectáculos dramáticos que activan la adrenalina a través de nuestro sistema, los conflictos salvajes y gladiatorios que no tienen contrapartida en ninguna otra área de entretenimiento? Nuestro panteón de héroes se vería seriamente disminuido sin figuras como Muhammad Ali, Babe Ruth o Stanley Matthews”.

El profesor de sociología, Ellis Cashmore, intenta explicar cómo sería un mundo sin deporte. “No habría camaradería, ni las relaciones filiales, el vínculo ritual, las causas comunes que unen a las personas. Los picos del triunfo, los valles del fracaso, el éxtasis y la desesperación: nunca hubiéramos experimentado cómo el deporte puede provocar todo esto”.

El deporte son valores y claro, una gran dosis de inspiración. Si se nos da una licencia también podrías decir que lo ‘imposible’ no existe. Porque si existieran, entonces el Liverpool no habría dado la vuelta y derrotado al Milán en la final de Estambul, ni hubiera ocurrido la remontada del 0-3 de Medias Rojas ante Yankees en 2004, ni los Estados Unidos hubiera derrotado a la URSS en aquella final de hockey sobre hielo.

“No puedes ganar hasta que aprendas a perder” dijo alguna vez Kareem Abdul-Jabbar, “no se puede ganar a la persona que nunca se rinde” comentó Babe Ruth.

La ONU define al deporte con ciertos aspectos y características que nos otorgan como sociedad e individuos.

“El deporte sirve para estrechar lazos sociales y para promover valores como la paz, la fraternidad, solidaridad, no violencia, tolerancia y justicia”. También dicen que nos otorga inspiración, hermandad.

Y probablemente la derrota no sería tan inspiradora si no hubiéramos conocido al maratonista de Tanzania, John Stephen Akenhwari en los Juegos Olímpicos de México 68. El último lugar del maratón lo terminó pese a correr gran parte de la prueba lesionado. Y para rematar encumbró una frase: “Mi país no me envió 10,000 millas para comenzar una carrera; me envió 10,000 millas para terminarla”.

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Y quizás, sin deporte, no hubieras sido concebido aquella noche en que tu madre y padre hicieron el amor el día en que tu equipo, el de tu ciudad, tu barrio, tu país, conocieron la gloria. A lo mejor, muchos, algunos, unos cuantos millones nacimos el día en que deporte hizo de las suyas.

Gracias pues…

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